Relatos y observaciones sobre lo que ha funcionado en escuelas que utilizan QUREO
En las escuelas que adoptaron QUREO, algunos patrones de comportamiento y aprendizaje se han repetido y han llamado la atención del equipo pedagógico. Estos casos ofrecen pistas valiosas para docentes que desean comprender mejor cómo la programación impacta la rutina de las clases y qué estrategias favorecen el compromiso de los estudiantes.
Varios grupos demuestran que, cuando las actividades incluyen misiones claras y desafíos progresivos, los alumnos tienden a organizarse de manera espontánea para resolver problemas. Es común que, durante las clases, surja una especie de “circulación de ideas”, en la que un estudiante que domina determinado comando ayuda a compañeros que aún están explorando esa parte del capítulo. Este movimiento colaborativo hace que el proceso sea más dinámico y reduce el número de interrupciones dirigidas al docente.

Otro caso recurrente se relaciona con el comportamiento frente a errores en el código. En lugar de desmotivación, muchos estudiantes ven el error como parte natural de la actividad, desarrollando una postura investigativa. Empiezan a probar soluciones, reorganizar bloques y ajustar detalles hasta lograr el resultado esperado. Esta autonomía, observada en distintos grupos, indica el fortalecimiento del pensamiento computacional y de la capacidad de análisis.
También hay situaciones en las que la gamificación se muestra como un factor decisivo. En varias escuelas, estudiantes que inicialmente demostraron receio de programar comenzaron a involucrarse después de notar la progresión por capítulos, la acumulación de estrellas y la valorización de pequeñas conquistas. Este modelo de avance, común en las actividades de QUREO, crea un ambiente en el que los desafíos son vistos como metas reales y alcanzables.
Otro ejemplo observado involucra grupos con diferentes niveles de dominio. Incluso cuando algunos estudiantes avanzan rápidamente y otros permanecen en capítulos anteriores, existe un clima de respeto por el ritmo individual. Los más avanzados con frecuencia comparten estrategias y explican la lógica de los comandos, convirtiendo el aula en un espacio de intercambio. Esta convivencia entre diferentes niveles fortalece habilidades socioemocionales y desarrolla sensibilidad pedagógica entre los propios estudiantes.
El conjunto de estas experiencias señala algunos elementos que se han destacado en el día a día escolar:
• colaboración espontánea entre los estudiantes
• aceptación natural de la prueba y el error
• compromiso fortalecido por la gamificación
• valorización de diferentes ritmos de aprendizaje
• protagonismo creciente en la resolución de problemas
Estos casos refuerzan la importancia de ambientes que permitan exploración, diálogo y autonomía. La programación, cuando se integra en la rutina escolar, supera la idea de “aprender tecnología” y se convierte en una herramienta para desarrollar razonamiento, creatividad y confianza.
